25 de marzo de 2012

Miguel Dávila en el Borges: el legado de un gran maestro

El miércoles 28 de marzo a las 19 hs. se inaugura en el Centro Cultural Borges la exposición "El papel de Miguel Dávila. 1950-2006"
La muestra, con curaduría de Eduardo Stupía, es un recorrido apasionante por la producción de dibujos de este prolífico gran maestro del arte argentino, que ha construido su propio lenguaje visual desde el dibujo y el cine, además de su ya reconocida obra pictórica.
Miguel Dávila aprendió de Policastro el amor a la pintura, de Spilimbergo el conocimiento y la pasión por el arte y de Pompeyo Audivert la inquietud por el grabado. En esta muestra se puede percibir esta herencia de sus maestros, su identidad por primera vez vista exclusivamente desde la mirada del dibujo y el cine.
Miguel Dávila nació en La Rioja en 1926 y estudió con maestros de la talla de Enrique Policastro, Lino Eneas Spilimbergo y Pompeyo Audivert. En 1961 obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes qu le permitió seguir su formación en Europa.
Desde 1954 a 2011 realizo prolíficamente más de ochenta muestras individuales en galerías, centros culturales y museos nacionales y extranjeros. Contribuyo a la historia del arte nacional no sólo desde la plástica sino también desde la teoría. Fue invitado a participar de muestras, premios y ferias, y fundó y dirigió el Museo Municipal de Bellas Artes de La Rioja.
Además de su tarea pictórica y gráfica, realizó varios murales, entre los que cabe mencionar los edificios Natania I y Natania II entre los años 1972 y 1974, y Natania III en 1980. Asimismo realizá catorce obras cinematográficas. Entre los numerosos premios recibidos, se destacan el primer Premio Salón Nacional de Artes Plásticas y el Gran Premio de Honor Salón Nacional de Artes Plásticas.
Eduardo Stupía escribió a propósito de esta muestra: "Todo artista, lo advierta o no, construye su propia arqueología. Si por un momento pudiéramos cambiar el punto de vista a partir del cual se leé y se ubica históricamente a Miguel Dávila, y considerar entonces a su cuantiosa obra pictórica apenas como la punta del iceberg, quizás podríamos ponderar más eficazmente su no menos caudalosa producción sobre papel, extendida ininterrumpidamente a lo largo de los años más fértiles del pintor y, como corresponde a los artistas formados en el rigor académico, en pleno abordaje de todas las disciplinas a su alcance (dibujo, monocopia, aguafuerte, xilografía, etc).
(...)
En las sucesivas capas geológicas que van emergiendo a medida que prosigue la exploración, se detectan diferentes densidades, insistencias temáticas, preocupaciones. Entre ellas, quizás el síntoma más recurrente, y que vincula a Dávila con el dilema ideológico-conceptual que tanto lo marcó a él como a muchos otros artistas - y a uno de sus maestros, Spilimbergo - es la pugna irresuelta entre la fidelidad sustancial, constitutiva, a los principios formativos tradicionales, escolásticos, y el incontrolable influjo de las vanguardias. La obra gráfica de Dávila, que es como el hueso a la intemperie de su proteica carnadura pictórica, puede leerse como un electrocardiograma extenso e inconcluso de la ruidosa colisión entre el saber, el estilo, la decisión contenidista y la fuerte atracción de los nuevos lenguajes y paradigmas. A la vez, más tarde o más temprano el eje del problema iba a desplazarse de la tranquilizante polaridad abstracción-figuración para adquirir los atributos de un conflicto mayor: la batalla dialéctica entre representación y lenguaje”.
Por su parte, el galerista Alejandro Dávila, habló sobre la experiencia de producir una muesrra de su padre: "Yo simplemente veo a mi padre como un total, como un artista que supo utilizar diferentes soportes para expresar su lenguaje. En esta ocasión, la responsabilidad, la mirada, el respeto y la pasión que me abordan no serán diferentes a otras muestras. Mi padre siempre dibujó y cuando pintó lo hizo dibujando, el dibujo es lo primero que vi en la vida de mi padre y fue lo último que hizo, su gran tristeza en los últimos días era su imposibilidad de dibujar y sin embargo su mirada y su pensamiento seguían en la línea, el color y el espacio. Es simplemente un acto de amor, una gran responsabilidad y una inmensa alegría poder disfrutar de este momento, que espero esté a la altura de las circunstancias".
La muestra se puede visitar hasta el 22 de abril
en la sala 22 del Centro Cultual Borges, Viamonte 525 de la ciudad de Buenos Aires, de lunes a sábado de 10 a 21 hs. y domingos y feriados de 12 a 21 hs.